“Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, después se te escapará de entre las manos”. Platón
viernes, 15 de junio de 2012
martes, 5 de junio de 2012
The Sunset
Limited: preguntas
que matan
S. H.
Fuente: El sentido busca al hombre
Random
House Mondadori acaba de publicar la traducción al español de The Sunset
Limited, lo nuevo del ganador del Pulitzer Cormac McCarthy. Esta pequeña obra
de teatro te agarra de las entrañas y no te suelta nunca más. Sus punzantes
preguntas sobre la justificación de la vida, Dios, la cultura y la mediocridad
humana te atrapan. Dos hombres, un encuentro inesperado y dos vías para
responderlas.
Santiago
Huvelle
En una
habitación austera de un barrio peligroso, un hombre intenta evitar que otro se
quite la vida. Una cocina, un frigorífico, un lápiz y una Biblia desgastada son
los únicos adornos que acompañan el combate dialéctico de dos visiones de la
vida contrapuestas. ¿Por qué no suicidarse? Esa es la pregunta que enfrenta a
un profesor blanco, culto y hastiado, y al ex presidiario negro que afirma que
hay motivos para vivir. La obra de Cormac McCarthy, recientemente traducida al
español, plantea la pregunta por el sentido desde una radicalidad que no deja
indiferente a nadie.
Negro:
Bueno, profesor, y ahora, ¿qué hago con usted?
Blanco:
¿Por qué habría de hacer nada?
Así da
comienzo el combate, entre uno que quiere salvar y uno que no quiere ser
salvado. Un indicio que nos llevan a pensar que estamos ante una gran obra, es
la tensión que consigue mantener el autor a lo largo de casi cien páginas de lo
que no es sino un diálogo de tintes existencialistas entre dos personas. Dos
personas que no tienen nombre, precisamente porque representan dos posiciones
antagónicas en la vida. El descreimiento del profesor es propio de quien ha
declarado la muerte de Dios, se ha refugiado en la Cultura y ha acabado por
sentir el vacío y hasta la trivialidad de un sentido inmanente. La fe del
negro, es a la vez poderosa y débil: poderosa porque ha redimido lo que no
podía ser redimido, pero débil porque es incapaz de ser expresada y transmitida
a otro.
Blanco: Yo
no creo en Dios. ¿Tan difícil es de entender? Mire a su alrededor, hombre. ¿Es
que no lo ve? El griterío de los que sufren lo indecible debe de ser para él el
más agradable de los sonidos. Y detesto estas discusiones. Lo del ateo de la
aldea cuya sola pasión es vilipendiar sin descanso aquello cuya existencia
niega de entrada....
Lo más
interesante del péndulo en el que transcurre la discusión, por la que el autor
no parece tomar partido, es que ambos contendientes asumen sus limitaciones al
tiempo que reconocen los prejuicios propios y ajenos. Los argumentos de uno y
otro se presentan con fuerza lógica unas veces, y vital otras. Preguntarse qué
es lo que hace que uno se levante por las mañanas no es una pregunta baladí.
Buscar los porqués y los paraqués es una cuestión de vida o muerte. Y al mismo
tiempo es una cuestión que permanece abierta, en la agonía de un creyente que
ve tambalear su fe y la desesperación de un hombre que a veces parece presentir
un atisbo de esperanza.
NB: la
adaptación cinematográfica (producida por la HBO y protagonizada por Tommy Lee
Jones y Samuel L. Jackson) se encuentra disponible íntegramente en Youtube.
Fuente: El sentido busca al hombre
lunes, 21 de mayo de 2012
ENCONTRANDO SENTIDO, PROYECTANDO MI VIDA:
Por: J. Roberto Avila Rangel
Fuente: ALMAS
En ocasiones, sentimos que hemos perdido los desos, sueños y anhelos. Nuestra vida pareciera carecer de todo sentido, por lo que simplemente estamos sobreviviendo a cada día, pero sin realmente vivirlo. El problema es que podemos estar buscando el sentido únicamente en nosotros mismos, lo que nos bloquea y nos impide dar rumbo a nuestro existir. ¿Cómo descubrir el sentido entonces? Para responder a esta interrogante, hemos de revisar algunos aspectos señalados por Viktor E. Frankl (1978).
Primeramente, el único ser que puede cuestionarse sobre el sentido de la vida es el ser humano. Su inteligencia y voluntad le permiten ser consciente tanto de sí mismo, de su entorno y de los demás seres que están en éste. Por ello, su existencia únicamente se puede entender en relación con otro (las personas a su alrededor o un ser superior).
Otro aspecto del sentido de la vida es su carácter único, esto quiere decir que cada persona tiene que descubrir su propio sentido. A veces queremos tener el mismo sentido que otros, pero ahí no lo encontraremos nunca (aunque el proceso por el que otros han pasado para descubrirlo, nos pueda servir de referencia).
Por último, un tercer aspecto es que no lo encontraremos únicamente a partir de la reflexión sobre nosotros mismos; en realidad el sentido nos es presentado por la vida misma y nos trasciende (va más allá de nosotros). Empeñarse por lo tanto en encontrar el sentido sólo en lo que sentimos o pensamos, puede tener el efecto contrario: que nunca lo descubramos en realidad. La pregunta para ello es ¿qué es lo que la vida me está presentando en este momento? ¿qué personas o situaciones están ahí que me pueden hablar sobre el sentido de mi vida? ¿qué me conmueve?
Hasta aquí podemos concluir que el sentido de la vida, si bien tiene un aspecto subjetivo en cuanto que únicamente yo puedo descubrirlo, no lo puedo encontrar sólo en mí, necesito preguntarme sobre la vida misma.
Referencias:
- Frankl, Viktor E., Psicoanálisis y existencialismo: de la psicoterapia a la logoterapia. México: Fondo de Cultura Económica. 1978.
Fuente: ALMAS
sábado, 12 de mayo de 2012
Internet es la gran universidad abierta
- ACEPRENSA
- 10.MAY.2012
Cientos de miles se inscriben en los cursos gratuitos, pero solo una pequeña parte los termina
Casi al mismo tiempo se han puesto en marcha dos grandes proyectos universitarios en Estados Unidos para ofrecer cursos gratuitos por Internet. A mediados de abril, las universidades de Princeton, Stanford, Michigan y Pensilvania anunciaron una alianza para ofrecer cursos gratuitos por Internet mediante Coursera, una web creada por la empresa del mismo nombre. A principios de mayo, Harvard y el MIT dieron a conocer un nuevo proyecto común, edX, para hacer lo mismo.
Estas iniciativas no se limitan a facilitar clases grabadas o materiales de estudio, como muchos otros sitios en la red, en especial el mayor de todos, Open Course Ware (OCW), promovido y mantenido por el MIT. Pretenden más bien dar verdaderos cursos, dirigidos por profesores, para completar en cierto número de semanas, con ejercicios y exámenes. Pero se siguen a distancia y la matrícula es gratuita. Lo que no dan es título oficial, ni créditos: solo un certificado de haber realizado el curso.
Coursera ya tiene programas activos. La empresa fue creada por los autores del sistema que aloja y gestiona los cursos, dos profesores de informática de Stanford llamados Daphne Koller y Andrew Ng. Las cuatro universidades que suministran los cursos han invertido en ella 16 millones de dólares.
Por su parte, edX comenzará la actividad el próximo otoño. Es el resultado de la incorporación de Harvard a un proyecto del MIT, MITx, que funciona desde marzo pasado, de momento con un solo curso sobre circuitos y electrónica. Las dos universidades vecinas van a partes iguales, tanto en la inversión (30 millones de dólares cada una) como en la gestión y el gobierno de edX. A diferencia de Coursera, edX no es una sociedad mercantil.
El curso más popular
Otras universidades, como la Carnegie Mellon, tienen programas semejantes. Pero el de mayor éxito hasta hoy no es de ninguna de ellas, sino de un profesor de Stanford, Sebastian Thrun, que logró 160.000 alumnos de casi todos los países para su curso gratuito de inteligencia artificial, impartido de octubre a diciembre del año pasado. Ahora ofrece seis cursos de otras materias en Udacity, la empresa que fundó junto con otros dos especialistas en robótica.
Otras universidades, como la Carnegie Mellon, tienen programas semejantes. Pero el de mayor éxito hasta hoy no es de ninguna de ellas, sino de un profesor de Stanford, Sebastian Thrun, que logró 160.000 alumnos de casi todos los países para su curso gratuito de inteligencia artificial, impartido de octubre a diciembre del año pasado. Ahora ofrece seis cursos de otras materias en Udacity, la empresa que fundó junto con otros dos especialistas en robótica.
Como se ve, las universidades están poniendo dinero para desarrollar los cursos gratuitos. Pero esperan recuperar al menos parte de la inversión. Pueden vender sus cursos a otras universidades que quieran adoptarlos o cobrar por alojar en sus sistemas cursos ajenos. También confían en que la enseñanza gratuita les aumente la fama y les reporte más donativos o matrículas.
Que Coursera sea una empresa no significa necesariamente que Stanford y sus socios pretendan obtener beneficios. Lo mismo hay que decir de Udacity, financiada con una inversión de un fondo de capital-riesgo y dinero del propio Thrun. En ambos casos se buscaba, más que rentabilidad, la mayor flexibilidad que permite una sociedad mercantil, en comparación con una organización sin fin de lucro. Pero una empresa, si los cursos atraen un gran número de alumnos, puede acabar obteniendo ingresos como los medios de comunicación en Internet o las redes sociales: cobrando a compañías que quieran buscar entre los estudiantes profesionales a los que contratar o clientes a los que ofrecer productos.
Motiva menos a los alumnosEn todo caso, el presente entusiasmo por la enseñanza gratuita en la web se justifica por el enorme potencial de difusión y la creciente calidad de los cursos. Pero estas iniciativas tienen también sus límites. Son especialmente adecuadas para los idiomas y las materias técnicas, pero no tanto para las humanidades. ¿Cómo evaluar a tantos alumnos sin poder dedicar un profesor ni siquiera para cada millar? En edX, la corrección de ejercicios será automática en los cursos de ingeniería; para los de humanidades experimentarán programas que leen lenguaje natural y recurrirán a voluntarios. En Coursera, los compañeros corrigen y califican, con la supervisión final de los profesores.
La experiencia enseña también que la enseñanza a distancia motiva menos a los alumnos. La tasa de abandono es muy alta, advierte Anka Mulder, presidenta del OCW Consortium (cfr. The New York Times, 18-03-2012). Por ejemplo, en el curso de circuitos y electrónica de MITx, que comenzó en marzo pasado, se inscribieron 120.000 estudiantes y a los exámenes parciales llegaron 10.000. Las universidades por Internet propiamente dichas, que no son gratuitas y confieren grados, logran resultados mucho mejores; pero no admiten un número ilimitado de alumnos.
Por otro lado, los cursos en Internet aportan sobre todo flexibilidad, con mayores posibilidades de personalizar el aprendizaje. A cambio, según la opinión general, algo se pierde sin el contacto directo con los profesores, y el estudiante tiene que ser más autodidacta. La web hace la información universalmente accesible, pero eso solo es el primer paso para estudiar. Como advierte la propia Mulder, los recursos educativos abiertos no valen para todo. “No son la educación: son solo contenidos. Se convierten en aprendizaje cuando hay buena enseñanza”. La cuestión entonces es cuán buena puede ser la enseñanza gratuita por Internet
.
.
jueves, 15 de marzo de 2012
Última parte del documental "The Human Experience"
A continuación la última parte del documental la experiencia humana ("The Human Experience")
lunes, 12 de marzo de 2012
miércoles, 29 de febrero de 2012
Ocio. La felicidad de no hacer nada
A continuación una reseña escrita pro Carlos Goñi del libro "Ocio. La felicidad de no hacer nada" de Ulrich Schnabel.
Ocio. La felicidad de no hacer nada
Muße. Vom Glück des Nichtstuns
- CARLOS GOÑI
- 8.FEB.2012
Autor: Ulrich Schnabel
Plataforma.
Barcelona (2011).
350 págs.
18 €.
Traducción: Bernardo Moreno Carrillo.
Barcelona (2011).
350 págs.
18 €.
Traducción: Bernardo Moreno Carrillo.
Fuente Aceprensa
El arte del ocio no tiene nada que ver con el número de horas libres, sino con una actitud, con saber vivir el tiempo personal. La gestión del tiempo nos preocupa y dedicamos cientos de seminarios y cursos para enseñarnos a emplear el tiempo laboral de una manera más eficiente, pero no a reservar más tiempo para nosotros, para poder desintoxicarnos del exceso de información, de la “maldición de la interrupción” que no nos permite pensar en profundidad. “Quien está cableado –dice Schnabel– para recibir cada once minutos un nuevo ‘chute de información’ se lleva también esta costumbre al fin de semana. Entonces, en vez de disfrutar del ansiado descanso, nos sentimos aburridos por falta de vivencias y nos sobreviene el denominado estrés del tiempo libre”.
Desde hace trescientos años vivimos una auténtica “aceleración técnica”. Según el sociólogo Hartmut Rosa, al que Schnabel sigue en muchos de sus argumentos, el mundo, desde la Revolución Industrial, parece haberse encogido aproximadamente una sexagésima parte de su magnitud original, con lo cual todo pasa demasiado deprisa y no queremos perdérnoslo. Esto, unido al olvido de la trascendencia, provoca que para muchas personas la vida se convierta en la “última oportunidad” y sólo les quede la esperanza de un paraíso que tienen que realizar aquí y ahora. De modo que se sustituye el ocio por lo que el sociólogo Gerhard Schulze llama estrategia de “la multiplicación y la condensación”. Cuantos más medios de experimentación obtengamos, como ropa, vacaciones, parejas, programas de televisión, etc. (multiplicación), y cuanto más los apiñemos en el tiempo (condensación), mejor nos sentimos. Pero nos engañamos.
Schnabel nos habla de las islas del ocio que todavía podemos encontrar en el delirio moderno; sin embargo, nos propone no buscar el sosiego en lugares lejanos y países exóticos, sino en nuestra propia casa. Porque depende de nosotros, de cambiar algunas de nuestras costumbres que nos impiden percibir y coger al vuelo las ocasiones para el ocio. Por ejemplo, por qué no marcar con letras grandes en varios días del calendario: “Nada”, y si nos proponen hacer algo tal día, podemos responder: “No, ese día estoy ocupado”. Otra sugerencia: seguir el ejemplo de los niños, enemigos naturales de la sociedad acelerada y dejarnos llevar por lo que el psicólogo de origen húngaro Mihály Csíkszentmihályi llama flow, que consiste en meternos de lleno en lo que estamos haciendo y dejarnos llevar por el fluir de la acción de manera que el tiempo pierde toda importancia. O convertir nuestra propia casa, como proponía Chesterton, en un “nido de anarquía”, pues es “el único lugar salvaje en un mundo lleno de normas y obligaciones”, donde poder vivir con libertad el tiempo libre.
El libro no es un elogio de la holgazanería, ni mucho menos, sino que pretende enseñarnos a luchar contra el aburrimiento con sus mismas armas, sin darle la espalda, que es lo que solemos hacer y entonces caemos en el activismo, también en el tiempo de ocio. Una estrategia para vencer al aburrimiento es “estructurar la nada”, o lo que es lo mismo, aprender a ocuparnos con cosas que nos llenen sin la constante distracción que produce la televisión o Internet. Por ejemplo, leyendo un buen libro, como este.
Fuente Aceprensa
Suscribirse a:
Entradas (Atom)